Existe cierta sorpresa generalizada por la aparición de un niño predicador. El lavado de cerebro al que fue expuesta esta criatura produce escozor. ¿Qué hacer cuando la prédica religiosa o política está atada al odio?
Ayer las pantallas del Channel 4 transmitieron un documental titulado Nazi Pop Twins. Por varios meses, los realizadores del film siguen la vida de dos mellizas artistas Lynx Gaede y Lamb Gaede. Ambas forman un dúo pop bautizado Prussian Blue que reivindica los argumentos del White Pride (u Orgullo Blanco), una organización extremista que aboga por la supremacía de la raza blanca, justifica las atrocidades del régimen nazi y fomenta el odio racial dentro del marco del nacionalismo, cristiano y norteamericano. Bien Ku Klux Klan, digamos.
El documental muestra como la madre, April, presiona psicológicamente a las niñas con falacias plagadas de odio y resentimiento hacia las personas de color y los inmigrantes que las púberes reflejan en sus letras. Uno llega a sentir lástima por las pendejas puesto que la paranoia de la madre respecto de la sociedad es digna de tratamiento médico. Aparentemente, la mujer sufrió un intento de violación y como el acosador era de color, en un acto de reduccionismo primitivo transforma ese miedo específico en ira hacia todo lo diferente. Claro que gran parte de la comunidad rechaza esta postura aberrante. Lo curioso es que cuanto más rechazo siente desde la comunidad más fuerte son sus sentimientos de enojo.
El padre de April, el abuelo de las niñas, muestra un talante de hombre de campo, aficionado a las armas y xenófogo, especialmente anti-mexicanos, a quienes su ignorancia sólo puede identificarlos como “inmigrantes ilegales”. En su rancho hasta el ganado es marcado con esvásticas, con manifiesta intención extremista. Sólo la abuela de las mocosas aparenta algo de cordura al cuestionar tanto resquemor hacia el prójimo.
La madre tiene un programa de radio que transmite por Internet que debe moverse de servidor en servidor debido a la censura. También hay un foro oficial. Durante el documental las niñas manifiestan su intención de alejar este ismo de sus canciones. Incluso muestran composiciones adolescentes y sencillas. Sin embargo, la presión de la madre parece ser insoportable.
Ojalá esta familia pueda encontrar tranquilidad y canalizar su energía hacia otro lugar menos enfermo. Pero me pregunto: ¿Cómo hay que reaccionar ante esto? ¿Cuáles son los extremos que nosotros generamos?
Relájense. Paz.
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Anexo: Hay material en Youtube.
Navegando Arts Technica me entero que Microsoft patentó una tecnología de avisos y ciertas mejoras para la barra de herramientas. Es interesante ver que la compañía de Redmond busca embeber en su sistema operativo un programa que escanearía el disco rígido y enviaría context data a los anunciantes. Lo mismo que hace Google en nuestras cuentas de Gmail, pero no en sus servidores sino en las computadoras de los usuarios Windows.
Seguro que el software, al que hace alusión la patente, no será incluído compulsivamente o en secreto. Sería demasiado torpe. Lo comunicarán de manera sutil con algún beneficio hipotético. En definitiva, del mismo modo en el que suelen hacerse estas cosas. Por ejemplo, hoy puede observarse en Windows Live Menssenger publicidad y una repetitiva opción que mi hermana mayor aceptaría para el “programa de mejoras…” que huele a spyware pero al pedir consentimiento humano se transforma en un <sarcasmo>inofensivo adware</sarcasmo>.
Recuerdo que a principios de año se sugería que MS podría bloquear las publicidades de Google hiriéndolo de muerte. Esto sería mucho más certero.
Nada personal, pero chequeando noticias tradicionales, me encuentro que algunos profesionales entienden que la industria gamer está lanzando títulos aburridos. Comparto dicha máxima, aunque en parte. Este problema trillado, no ocurre por cuestiones inherentes a la “creatividad” en sí misma, pasa porque los modelos industriales muy grandes nunca dan espacio a los pequeños, al menos hasta que son excesivamente notorios.
Sin dudas, el periodismo (y la boluglósfera) aporta. ¿Por qué? Quizás almuerzan con demasiados gerentes de marketing o leen muchas gacetillas (o bitácoras) que les indican quién está de moda. Por ejemplo, se obnubilan con SecondLife, olvidan a Habbo, WoW -en definitiva, los que mandan- y doy por sentado que desconocen Club Penguin. Tal vez, no tienen el ímpetu necesario para investigar quién crece como Denken Über.
Entonces, a modo de redención, estaría bueno echar un vistazo al otro lado, el que gasta neuronas sin recibir tanto cobre. Los videojuegos del underground o indie games. Según GameTunnel, treinta juegos under ven la luz cada mes. Este portal especializado en la tribu de creadores independientes, publicó una lista de cien games indie de los últimos cinco tres años. Una lástima que no está Samorost uno de mis favoritos. De todos modos, recomiendo probar: Eets, Jets’n'Guns, Wik: Fable of Souls y seguro hay otros. También Wired, meses atrás, publicó una lista modesta inclinada hacia lo experimental.

Además, en esta era de comunidades online existen comarcas tipo GameTrove o Kongregate que nuclean desarrolladores. Incluso hay bolsas de trabajo para quienes laburan en el área y por supuesto blogs como Tigsource y Jay is games.
Ergo: no falta imaginación. Falta curiosidad para descubrirla o no se qué para el lanzamiento de Spore