Hora de Aventura: tierno mundo apocalíptico

Un perro, un chico y sus andanzas en un dibujo animado parece trillado pero en “Hora de Aventura” la fórmula logra un nivel de delirio memorable que perdura temporada tras temporada. Todo es raro. Jake, el can, modifica la forma de su cuerpo con bizarra facilidad. Finn es un jóven humano noble e hiperactivo. Ambos viven en la Tierra de Ooo, un mundo post-apocalíptico, escombros del Planeta luego de la enigmática Guerra de los Champiñones. En Ooo es natural que un monstruo inmenso corra despavorido escupiendo fuegos artificiales por la boca mientras en su estómago hay una colorida fiesta dónde cientos de osos de peluche bailan sin reparar en que el aturdido engendro terminará por digerirlos.

Adventure Time by Pendleton Ward

“Me interesa volarle la cabeza a los chicos”, confesó el creador de la serie, Pendleton Ward, a principios de este año. Ya el corto original tiene momentos disparatados: Abraham Lincoln vive en Marte y le aconseja a Finn ser perseverante. Con el título «Adventure Time with Finn & Jake» el dibujo surgió en Internet vía Federator Studios y debutó oficialmente por Cartoon Network en Abril de 2010 –en Latinoamérica fue en Agosto del mismo año. Rápido logró un sólido núcleo de fans que hicieron circular por la red covers de las canciones del show, fan-art y capítulos enteros como «Gracias» o fragmentos como «Ya Lo Entiendo Todo».

Hay batallas absurdas, humor físico y soliloquios extravagantes pero nadie es unívocamente bueno o malo en los once minutos que dura cada episodio. Los personajes más recurrentes son: el Rey Helado, un sociópata que rapta princesas pero tiene una historia triste y vive rodeado por pingüinos. Dulce Princesa hecha de chicle rosado y regente del Dulce Reino; es culta y afable aunque propensa a explotar en ira. Marceline, es una chica vampiro roquera que no chupa sangre sino el tinte rojo de los objetos. Arcoíris –Lady Rainicorn– un unicornio esbelto y volador con los colores del iris que sólo habla coreano. Y BMO, una consola de video juegos portátil irreverente que derrocha ternura al hablar.

El autor, Pendleton Ward –@buenothebear– es un productor, animador, escritor y músico americano de treinta años aficionado a los comics, a Dungeons & Dragons, a Los Simpsons –jura que Lisa fue su amor platónico durante años– y a video juegos peculiares como «Pepsiman». Todos elementos presentes en sutiles alusiones del guión y de las increíbles locaciones ilustradas por Dan James, alias Ghostshrimp.

La música es un componente primordial. Jake toca el violín, Finn canta con voz de auto-tune y ambos suelen hacer beatboxing espontáneos. La canción de la intro es del propio Ward y la del outro una reversión de «Island Song» de Ashley Eriksson. Aunque el doblaje latino mejora en cada temporada, el lenguaje con el que se expresan los protagonistas logra su cenit en la versión original –desde el piloto, a Jake lo interpreta John DiMaggio quien también es la voz de Bender en «Futurama».

Esta deformidad animada o provoca rechazo inmediato o absorbe a niños y adultos en un mundo sensible y desopilante. Un mundo que podría resumirse en el suntuoso monólogo que el viejo Porta Tartas Real, la clásica galleta con forma de persona, da al final de un capítulo mientras flota en el espacio con una paloma en una mano y una ardilla en la otra: “esta danza cósmica de decadencia sin fin y permisos arrebatados nos obliga colectivamente a perdurar; pero si la dulzura puede ganar, y puede, entonces yo seguiré aquí mañana para felicitarlos ayer… amigos. ¡Paz!”. Un estupendo sinsentido.

Parte de esta nota, fue publicada en la edición de Agosto de 2012 de la revista Rolling Stone Argentina.

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