Periodismo orientado a su objeto

La carrera de quién escribe más rápido y con menos errores ortográficos se asemeja a la carrera que el ajedrecista perdió hace tiempo en manos del mismo verdugo: el procesador. Anunciar al siguiente hype o cubrir un evento en un santiamén son trabajos cuasi matemáticos; y para las matemáticas las computadoras son más rápidas. Pero ¿es ese el punto? ¿No deberíamos, en cambio, preguntarnos si debe el periodismo correr esa carrera en primer lugar?

Los adictos al hit, al minuto a minuto, los ebrios del frenesí, superficial pero respetable, de “ser los primeros” dirán que el vértigo que propone el reloj es intrínseco al periodismo. Aparecerán también los eruditos, los virtuosos, que propalarán insultos al devenir por traerles la regurgitación final del sentido en manos de un autómata de hojalata o lo que sea que imaginen.

Sin embargo, podemos aprender del pensamiento computacional y tomar las riendas. A modo de ejemplo, rescatemos el concepto de periodismo orientado a objetos.

Al igual que en la programación orientada a objetos, en el periodismo orientado a objetos cada objeto es una abstracción de algún hecho o ente del mundo real con atributos y métodos. Los atributos representan sus características, sus propiedades. Los métodos encarnan su comportamiento. Las propiedades y métodos comunes a determinado conjunto de objetos pueden encapsularse en clases que serviran de prototipos para crear nuevos objetos. Es verdad que la sintaxis parece compleja, pero puede simplificarse. Intención que, en alguna medida, anida en ideas como Storify, Apture o la utópica plataforma curación multiple.

El object oriented journalism fue tratado hace poco más de un año por Tristan Harris de Apture y lo comentó alguien al pasar en una Hacks and Hackers de Londres meses atrás. Sin embargo, pese a estar verde, el concepto no es ninguna novedad.

No es titular para un bot; ni saber que [o.fork() for (o,i) in [(__import__('os'), __import__('itertools'))] for x in i.repeat(0)] es una bomba en Python. Tampoco es una estructura para garantizar la charada del objetivismo. Es comprender y utilizar al pensamiento computacional en el proceso de producción de piezas periodísticas. Sin que ello, claro está, implique el detrimento de la imaginación humana. No se trata de reemplazar sino de enriquecer.

Y sucede también en la programación: hay un momento en el que para resolver un problema debemos recurrir indefectiblemente a la creatividad. Todo lenguaje de programación no deja de ser un lenguaje. Como tal, su sentido no viene dado por la agregación de líneas. Existen un sin fin de ejemplos de textos con cohesión pero sin coherencia escritos por humanos y también programas sin sentido, casualmente también escritos por humanos. Dicho de otro modo, el problema no es quién ejecuta la tarea sino quién desarrolla la idea.

Adelante, dejemos que de la inmediatez se encarguen las matemáticas y del chisme, los chismosos. Profundidad y sentido son la clave. Para lograr esto el pensamiento computacional es un aliado, no un enemigo. Claro que no el pensamiento computacional ansioso por correr carreras perdidas de antemano, sino un pensamiento computacional paciente, reflexivo. Un productor de slow consumption journalism, si se quiere. Porque, es verdad, el periodismo padece una crisis de producto y quienes pagaban sus vicios decidieron gastar su dinero en otra ramera.

Vender memes es un negocio que no precisa de periodistas. Los humanos somos holgazanes cognitivos obnubilados por entretenimiento ubicuo; vamos a seguir necesitando que alguien nos ahorre tiempo en la construcción del sentido. Y, en definitiva, para descubrir atajos en el flujo digital hay que saber cómo surcar el código.

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