Los autores del derecho de autor

Mañana en UK pasará por la Cámara de los Comunes el Digital Economy Bill. Mañana otros países sumarán un modelo a imitar en la lucha contra la piratería apelando a la estulticia: “es lo que hacen los países serios”. España ya integra esa lista. Mañana puede quedar definivamente confirmado que la democracia yace circunscripta al meramente simbólico acto de votar.

Todo eso mañana. Ahora, pensemos. El número de delincuentes entre los 1733 millones de personas que pululan en la red depende de la definición de crimen. Por ejemplo, si en el mundo real fuera ilegal prestar libros, casi todos seríamos criminales. Bien, en Internet prestar es una costumbre. Pero como la escala es inmensa y la copia sencilla, se hace abundante algo otrora escaso.

Según el DMR 2010 el año pasado el mercado de música digital recaudó u$s 4.200 millones, registrando sólo incrementos desde 2004. Además, las ganancias por shows en vivo aumentaron. Pero claro, las ventas de la cosa física bajó un 12%.

Después, las estimaciones. IFPI estima que los miles de millones de archivos compartidos dañan a las ventas. En Argentina, por ejemplo, CAPIF estima que la venta ilegal de música genera pérdidas por 1.200 millones de pesos. Nunca distinguen entre compartir y vender. Seguramente, un disco que nunca comprarías pero descargaste para conocer al artista, estiman que es un disco menos que vendieron, estiman. Los datos, sabemos, son maleables.

Y así, estimando, proponen tres medidas para revivir los tiempos dulces de canales controlados: clausurar sitios que faciliten el file sharing incluso cuando no lucren, cobrar canon digital para colectar dinero de cada acto de copia y exigir a los ISP que espíen el tráfico en busca de piratas. Esos mismos piratas que son diez veces más propensos a pagar por música.

Simple, la IFPI y sus aliados no se adaptarán jamás a las reglas de Internet, buscarán adaptar a Internet a las suyas sin importar daños colaterales como las libertades individuales o la neutralidad de red. Ya no suena exagerado: “la propiedad intelectual es el petróleo del siglo XXI”.

En definitiva, aunque negocio hay, la copia de bits es inevitable y compartirlos es costumbre, será cada país el que decida quién vende ilegalmente y quién comparte sin perseguir lucro; cuál derecho es fundamental y cuál una infracción menor; cuál es el daño real y cuál el estimado; quién representa al pasado y quién al futuro. UK decide mañana.

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