Lealtad a Couchsurfing

Uno supondría, con cierto atino, que si una socialnetwork borra todo el contenido que sus usuarios generaron será abandonada. Pues bien, esta máxima del sentido común falló en el caso de Couchsurfing. Sus usuarios soportaron el desastre y rearmaron el sitio.

Couchsurfing es una red de hospitalidad. Uno aloja miembros de la comunidad en el propio hogar. El alojado escribe un comentario acerca del hospedador. Al hacerlo, el alojado confirma que el anfitrión es quién dice ser y agrega apreciaciones personales acerca de este. Mejores comentarios, mejor karma. Mejor karma, más chances de ser alojado cuando uno lo requiera. Reciprocidad divina y relaciones off-line no casuales, sino causales. De este modo la red va construyendo un círculo de confianza que se refuerza con mecanismos para verificar la identidad y la presencia de embajadores que gozan de prestigio a cambio de difundir el proyecto.

Couchfurging asegura tener 630 mil perfiles superando a otras redes similares como The Hospitality Club, Stay4Free y Globalfreeloaders. Y aunque estéticamente defrauda, resulta navegable y flexible. ¿Un buen negocio entonces? Nada de eso. Couchsurfing es una entidad sin fines de lucro que sólo acepta donaciones para sus arcas.

Así, tanto on como off-line, entre juglares nostálgicos, solitarios amistosos, amarretes idealistas, mochileros arriesgados y azafatas de la nada, Couchsurfing hace circular relatos, esa indispensable vitamina social.