Sonidos inteligentes

Cuando Björk presentó en Glastonbury Volta, su último trabajo, imantó miles cerebros dejándolos suspendidos sin tiempo y espacio. El recital alcanzó su climax con una serie de arteros flashes mostraban en pantallas gigantes al Reactable: la fuente del hechizo que ordenaba saltar, tambalear, gritar. En ese instante, la multitud olvidó a Björk y adoró la máquina.

¿Cuán tecnológica puede ser la música? Parte de la respuesta está en un video del The New Yorker grabado a principios de este año. En pantalla aparece Mike McCready de Platinum Blue, una compañía que analiza matemáticamente los espectros de una música desglosando ritmos, melodías, tempos y todos sus elementos. Así establece patrones, entre los diferentes sonidos y consigue determinar, aseguran, cuál canción podría transformarse en éxito y cuál no. Para ser “el productor del próximo Grammy” solo necesitamos adquirir Music XRay.

Esta inteligencia artificial también puede aplicarse como depurador de los recommendation engines. En otras palabras, Internet está plagada de redes sociales que sirven de para rastrear gustos, comportamientos, etcétera. No obstante las imágenes, los videos y las canciones permanecen ocultas. Únicamente la intervención humana -con el etiquetado, los comentarios, etcétera- pueden organizar dicho material.

Mezclando estas aleatorias intervenciones humanas con algoritmos tradicionales obtenemos como resultado comarcas tipo: My Strands descrito con una pizca de sarcasmo en el informe de Federico Lisica publicado por Página/12:

El aporte real de la IA se obtiene mediante usos científicos que incluyen el aprendizaje estadístico, el pronóstico bayesiano, el razonamiento probabilístico, los sistemas de recomendación y las técnicas de visualización. Vectores matemáticos que analizan si a Mötorhead le puede seguir un The Smiths en un día de lluvia… o algo así.

La página de My Strands confunde por opulencia pero en la integración con los reproductores desktop radica el secreto. Obvio que no es el único: Last.fm, MusicMobs, Goombah Emergent Music, iRate o inDiscover son ejemplos de comunidades con filtros colaborativos.

Ahora bien, el problema con este tipo de sistemas sociales basados en la colaboración del hombre, es que pueden fallar por inanición de datos o por campañas para hypear determinado ítem. El segundo problema tiene soluciones algorítmicas tipo UltraGleeper. El primero, parecía no tener cura hasta que aparecieron de los creadores del Reactable, los mismos que brindan la tecnología para Platinum Blue: el MTG.

El MTG tienen proyectos que cautivan y un caudal de estudios en materia musical impactante. Este laboratorio fue creado en 1994 por su actual director, el doctor Xavier Serra quien confeccionó varios documentos en los que profundiza sobre la brecha semántica que aqueja al audio y propone posibles soluciones.

Algunas aplicaciones concretas de las investigaciones del MTG corren por cuenta de BMAT. Es el caso de b-mates, una tecnología ideada para tejer redes sociales en base a gustos musicales.

Estos avances están limitados, muchas veces, por la mezquindad corporativa. Por ejemplo, varias de las canciones de las comunidades citadas cuentan con copyright que permite reproducir pocos segundos de cada tema. ¿Por qué la industria musical no contempla este futuro tan prometedor? ¿Por qué el análisis mediático insiste con comparaciones estúpidas?

Quizá sea mejor que ni se percaten.
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Enlaces extra: BBC (siempre antes) y los percusores del Reactable.

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